sábado, 27 de septiembre de 2014

Sobre la proyección del Documental Generación Mei Ming

Según lo que habíamos programado, el día 26 de septiembre pudimos ver en Córdoba el documental "Generación Mei Ming. Miradas desde la adolescencia" del director David Millán Rollán. 

Vaya por delante nuestro agradecimiento al director y a las participantes. No es fácil ponerse ante una cámara y hablar de vivencias y sentimientos, y mucho menos en chicas de tan corta edad. Sorprende, entre otras muchas cosas, la claridad de planteamientos y la madurez que destilan las protagonistas.

La proyección acabo en aplausos por parte de los asistentes. Sobre todo, por las adolescentes que nos acompañaron. 

Sin duda alguna estos testimonios nos abren una gran vía de reflexión y de intercambio de experiencias no sólo entre los padres, que asistimos con frecuencia desconcertados a los cambios de nuestros hijos e hijas, sino entre los verdaderos actores de otras tantas historias, nuestras adolescentes.

jueves, 13 de junio de 2013

Cómo convivir con adolescentes. Guía

En el desarrollo de la personalidad, la adolescencia viene a ser una etapa que deja huella tanto en quienes la "padecen", como entre quienes asisten a los grandes cambios que suelen producirse.
Puede ser útil el acercarse a alguna guía donde a los planteamientos teóricos se añaden testimonios y ejercicios para el análisis. Nos hemos fijado en la Guía Cómo convivir con adolescentes. Una guía para que padres e hijos se entiendan en el día a día durante la adolescencia.

En ella se pueden encontrar cuestiones tan diversas como interesantes:

1.Ser yo, ser padre.
Tipos de padres, efectos sobre los hijos.
Principales características de los adolescentes.
Importancia de los cambios fisicos.
Aspectos psicoafectivos.

2.La socialización del adolescente.
La importancia de los amigos.
El papel de la familia.
Otros agentes socializadores.

3.La comunicación con los adolescentes;cuanto menos, conflictiva.
Habilidades de comunicación con los hijos.
Una buena escucha vale más que mil palabras.
La empatía; descubriendo al adolescente que llevamos dentro.
Con asertividad suena mejor.
El diálogo es posible. Del monólogo al diálogo.

4.¡No sé qué me pasa!; la alfabetización emocional.
Baja autoestima, fuente de conflictos.
La sexualidad en la adolescencia.

5.Las conductas de riesgo en la adolescencia.
¿Cómo pueden los padres facilitar recursos a sus hijos?
Conductas de riesgo: ¿prohibir o moderar?
¿Qué pueden hacer los padres ante las conductas de riesgo?

6.La necesidad de educar en los límites y las normas.
¿Por qué son tan necesarios los límites y las normas?
Cómo establecer normas de forma eficaz.
La flexibilidad de las normas.
Qué hacer cuando no cumplen las normas.

7.Cómo conseguir cambios de conducta en adolescentes.

jueves, 7 de febrero de 2013

¿Qué es buscar los orígenes? Construcción de la identidad en el adoptado.

A la pregunta "¿quién soy?" no pueden contestar los padres, ni otra persona, aunque les encantaría allanar el camino de sus hijos. 

La construcción de la  identidad de una persona, adoptada o no, pasa por distintas etapas, que es necesario recorrer. 

Si un hijo adoptado llega a la etapa de juventud, o a su edad adulta planteando aún la pregunta ¿quién soy? es porque no ha integrado aún estos pasos anteriores (bien porque su familia no lo ha propiciado, bien porque no ha podido acceder a las herramientas y el asesoramiento profesional necesario para hacerlo).

Pinchar para leer el artículo en su totalidad.

Fuente: La voz de los adoptados

lunes, 8 de octubre de 2012

¡Andrés, vive al revés...!

La historia que os voy a contar puede pasarle a cualquiera, sobre todo si sois de ese tipo de niños o niñas a los que les aburre muchísimo hacer siempre lo mismo.


Esa es la historia de Andrés, un niño que decidió “vivir al revés”.

Cierto día, Andrés, cansado y aburrido de hacer siempre las mismas cosas todos los días y casi a la misma hora, decidió que había llegado el momento de cambiar, y así lo hizo…

Aquella mañana, al levantarse, no se peinó ni se lavó los dientes.

Se colocó los zapatos al revés. En vez de desayunar cenó y para ir al colegio se fue caminando hacia atrás, parecía que en vez de “ir” “venía”.

Todo el mundo lo miraba extrañado; sobre todo, sus compañeros de clase, que no supieron qué contestar cuando al entrar en el aula en vez de decir “hola” dijo “adiós”.

Don Juan, el maestro, repartió los cuadernos y las fichas de trabajo para que cada niño realizara sus tareas. Pero, Andrés comenzó a trabajar por el final.

Escribió los números del cien al cero, leyó un cuento empezando por la última página y a la hora del recreo primero se comió las chuches y después el bocadillo.

Cuando sus amigos le invitaron a jugar al fútbol, todos se quedaron “boquiabiertos” al ver que marcaba un gol en su propia portería. Como es lógico no quisieron seguir jugando con él.

Al volver a su casa, por supuesto caminando al revés, su madre le tenía preparado un exquisito plato de patatas y un sabroso y fresquito helado de fresa para el postre. Pero Andrés decidió tomar un gran tazón de leche con cereales y nada más.

Sus padres, sus amigos, su maestro y todos los que le conocían no sabían por qué el niño actuaba así. Le habían preguntado una y otra vez pero él nunca respondía con claridad, sólo decía que había decidido “vivir al revés”.

Pasó un día, pasaron dos y tres. Y una semana y dos y tres. Y un mes y dos y tres. Y Andrés seguía haciéndolo todo al revés.

Al principio toda esta historia le parecía muy divertida, sobre todo porque su vida había dejado de ser aburrida y, además, conseguía que todo el mundo estuviera pendiente de él. Pero pronto las cosas comenzaron a cambiar…

Una noche, mientras se peinaba para acostarse, se dio cuenta de que no alcanzaba bien a verse en el espejo, parecía que había “encogido…”

Al levantarse por la mañana, observó que los pantalones le quedaban un poco grandes, al igual que la camisa. Pero no quedó ahí la cosa, también descubrió con muchísima vergüenza que la cama estaba mojada ¡se había hecho pis…!

Cuando al llegar a clase comenzó a trabajar en las fichas que su maestro le entregó, Andrés se dio cuenta de que había algunas actividades que no sabía hacer. Esto le pareció un poco raro, además, cuando hablaba con sus amigos, éstos se reían de él porque no pronunciaba bien algunas palabras…

- ¿Qué me está ocurriendo? se preguntó…

Después de mucho pensar y pensar y pensar, llegó a la conclusión de que algo terrible le estaba pasando, en vez de crecer se estaba haciendo cada vez más pequeño…

¡Claro…! tanto había querido “vivir al revés” que, incluso, en vez de cumplir años los iba descumpliendo. ¡Se acabaría convirtiendo en un bebé…!
¡Oh, Dios mío, qué desgracia!, ¿cómo podía parar todo aquello?

Ya no resultaba tan divertido hacerlo todo al revés, pero ¿qué podía hacer…?

Andrés no  se atrevía a salir a la calle, pasaba el día en el desván de su casa.
De pronto, llamó su atención una pequeña caja de madera que estaba casi escondida debajo de un viejo sillón, que había pertenecido a su bisabuelo. La cogió con cuidado, la abrió y sacó de su interior un precioso reloj de arena, que estaba acompañado de una nota que decía:

“Soy la medida del tiempo si me utilizas bien recuperarás todo el que hayas perdido”

Dando un salto de alegría exclamó:

- ¡Lo encontré, aquí está la solución a mi problema!

Bajó corriendo las escaleras, entró en la cocina y le enseñó a su madre lo que había encontrado.

- Ah, sí, dijo ella, este reloj me lo regaló mi padre porque había pertenecido a mi abuelo. Pero es un reloj un poco extraño, sólo funciona al revés. La arena en vez de bajar, sube. La verdad es que no sé muy bien para qué sirve...

Andrés coloco el extraño reloj en su habitación y esperó a que la arena subiera una y otra vez, una y otra vez… hasta recuperar todo el tiempo perdido.

Y así fue como poco a poco el niño fue volviendo a la normalidad.

Volvió a crecer día a día. Comenzó a entenderse y a jugar con sus amigos, no volvió a mojar la cama de noche… y al pasar unos meses pudo celebrar su cumpleaños junto a su familia y amigos.

Nunca se le volvió a ocurrir “vivir al revés”, por los menos no de una forma tan descarada…

De mayor siguió siendo un poco rebelde, pero, claro está, todo dentro de unos límites.

¡Ah! Y también siguió ayudando con el mágico reloj a otras personas que por una razón o por otra habían “perdido su tiempo”.


Y... así ocurrió y así fue, como me lo contaron te lo conté.







domingo, 7 de octubre de 2012

TALLER: Libros de vida en adopción

TEJIENDO SUEÑOS, junto con el Servicio Postadopción de Andalucía, os invita al taller en:



Libros de vida en adopción



  Sin duda la historia de nuestros tiene todo nuestro interés.
  ¿Qué es un libro de vida? ¿Para qué sirve? ¿Por qué es tan importante para un niño adoptado? ¿Cuáles son las claves para elaborarlo?
  Conversar sobre adopción a través de un libro de vida es una experiencia que muchos padres e hijos recomiendan.



Taller dirigido a padres adoptivos y a padres en pre-adoptivo.

Día: Viernes, 19 de octubre de 2012.
Hora : 18:00 – 20:30.
Lugar: Centro del profesorado "Luisa Revuelta"
C/ Doña Berenguela s/n, CÓRDOBA



Inscripción: teléfono: 952 21 78 22 o a través de e_mail: postadopcion.ma@postadopcionandalucia.es

El aforo es limitado. Los interesados pueden reservar su plaza inscribiéndose antes del día 15 de octubre. Habrá un servicio de guardería.
Confirmamos la reserva.

viernes, 7 de septiembre de 2012

Clara y el rayo de luz

Tiliiin, tilooon, tiliiin, tilooon...!


Éste era el alegre sonido de las campanas que cada mañana despertaban a Clara para ir al colegio.

¡Tiliiin, tilooon, tiliiin, tilooon...!

Clara tenía 6 años y vivía con su familia en un pequeño pueblo, situado en una comarca rodeada de altas montañas y verdes valles, donde casi todos los días llovía y en los que sólo de tarde en tarde brillaba el sol.

Al amanecer, cuando la campana de la torre de la pequeña iglesia comenzaba a repicar, Clara abría muy despacito sus grandes ojos azules y lo primero que alcanzaba a ver eran las brillantes gotitas de lluvia, deslizándose por los cristales de la pequeña ventana de su habitación.

Pero un día, algo especial ocurrió:

Clara, al despertarse, notó en su carita un suave calorcillo que le hizo cosquillas en los ojos y la obligó a estornudar. No podía ver nada, algo la deslumbraba.

De un salto se levantó de la cama, miró hacia la ventana y... ¡Oh, sorpresa!, las gotas de lluvia habían desaparecido del cristal y en su lugar un delgado y brillante rayo de luz se colaba en la habitación, iluminándolo todo y posándose suavemente sobre la almohada de su cama.

Clara, que no sabía lo que era aquello, se sorprendió mucho al verlo. Se acercó despacito, despacito e intentó cogerlo con la mano. Pero cuando fue a tocarlo, vio que no podía, el rayo de luz se le escapaba de entre los dedos, no podía cogerlo; pero sí podía sentir un suave calorcillo en su piel cada vez que pasaba su manita por encima de él.

La niña comenzó a jugar: lo miró de cerca y de lejos, le dio vueltas, intentó tocarlo, se puso delante, se puso detrás y estuvo un buen rato entretenida con su nuevo amiguito. Pero cuando... cuando se quiso dar cuenta, el rayo de luz había desaparecido. Clara se puso muy triste. Lo buscó por todas partes, incluso miró dentro del armario y debajo de la cama, pero nada..., se había ido, no estaba allí.

- ¡Bueno, no pasa nada! se dijo.

El resto del día, nuestra amiga, estuvo haciendo lo normal que hace una niña: comer, jugar, ir al cole, estudiar y, al llegar la noche, se fue a dormir.

A la mañana siguiente, otra vez volvió a despertarla el agradable calorcillo que le daba en la cara.

Clara dio un salto de alegría y se levantó de la cama.

- ¡Ah, estás aquí, yo creía que te habías ido...!

- Ayer por la mañana, cuando desapareciste, me puse muy triste, creía que no ibas a volver más. Pero ya estás otra vez aquí. Qué agradable es sentir tu calorcillo...

- “Bueno, no te vayas, le dijo la niña. Voy a tomarme un tazón de leche y enseguida vuelvo a jugar contigo. Me encantan tus cosquillas en los ojos y que me hagas estornudar.

Pero cuando Clara volvió a su habitación, otra vez el rayito de luz se había ido, ya no estaba.

- ¡Me cachis...! Otra vez se ha ido, exclamo la niña muy enfadada. Es que no quiere ser mi amigo o qué?

- Tengo que pensar un plan para atraparlo y que no se vaya.

A la mañana siguiente, Clara se levantó muy temprano y... cuando el rayo de luz volvió a entrar por la ventana hasta su cama la niña cogió un bote de cristal, metió el rayo de luz dentro y lo tapó.

- ¡Ah, ja, ja... ya no te escapas! De aquí no te podrás salir, porque es un bote de cristal y, como es transparente, yo te puedo ver, pero tú no te podrás ir.

Clara dejó el bote encima de la cama y se fue al colegio. Pero cuando volvió...

- ¡Pero bueno! No está el rayo de luz dentro del bote. ¿Cómo se ha podido salir?

- ¡Ah, ya está! Será que como el bote es transparente... Ya se lo que voy a hacer, mañana lo guardaré dentro de una caja de cartón y así, como no es transparente, no se podrá salir, porque estará oscurito y no verá nada.

Efectivamente, se levantó muy temprano por la mañana y, cuando el rayo de luz volvió a aparecer, lo atrapó rápidamente en la caja de cartón y lo tapó.

- Ahí estarás bien seguro. Así no te podrás ir otra vez. Pero no te asustes que yo te sacaré de vez en cuando para jugar.

Clara se fue de nuevo al colegio. Cuando llegó la tarde y volvió a su casa, fue corriendo a ver su caja de cartón, pero cuando la abrió...

- ¡Oh... no había nada dentro...!

La niña se puso muy triste y pensó que lo mejor sería hablar seriamente con su nuevo amigo y pedirle, por favor, que no se fuera más.

A la mañana siguiente, que era fiesta y que por lo tanto no había que ir al colegio, Clara se levantó y se sentó a esperar la llegada del rayo de luz. Esperó, esperó y esperó, pero el rayito no llegó.

Cansada de tanto esperar y sintiéndose muy triste y decepcionada, nuestra amiga se puso a llorar desconsoladamente diciendo:

- ¡Ay, ay... mi amigo el rayo de luz se ha enfadado conmigo y no ha venido hoy. No quiere saber nada de mí...!

Estaba llorando de esta manera cuando llamaron a la puerta:

- “Pom, pom...”

- ¿Quién es? preguntó la niña.

- Ábreme niña. Contestó una dulce voz desde el otro lado.

Era una anciana que vivía cerca de allí y que la había oído llorar.

- ¿Qué te pasa , chiquitina? ¿Por qué estás tan triste?

Clara le contestó:

- ¡Pues nada...! Hace unos días un rayito de luz entró en mi habitación por la peque a ventana que hay allí, nos hicimos amigos y jugábamos juntos. Pero yo he querido atraparlo. Primero lo metí en un bote de cristal y luego en una caja de cartón. Él se ha escapado de los dos sitios y se ha enfadado conmigo. Se ve que no le gustaba estar prisionero, pero yo sólo quería tenerlo guardadito para jugar con él cuando yo quisiera. Creo que no volverá más y por eso estoy muy triste...

La anciana, después de escuchar a la niña atentamente, comenzó a reírse cariñosamente y le dijo:

- No te preocupes querida niña. ¿Sabes lo que ha ocurrido...? Pues lo que ha ocurrido es que ese rayito de luz, amigo tuyo, es un rayo de sol, que cuando se hace de día y no hay nubes en el cielo entra por tu ventana todas las mañanas y te ilumina la habitación y te da en la carita y te calienta la piel. No me extraña que te guste jugar con él, pero nunca podrás atraparlo.

¿Tú no sabes que la tierra gira alrededor del sol...? Pues así es y por eso el rayito de luz nunca se quedará para siempre en el mismo sitio. Además, hoy está nublado y el sol está escondido detrás de las nubes, por eso no se ve. Pero no te preocupes, cuando éstas se vayan tu amigo volverá a entrar por tu ventana y tú podrás jugar con él un poquito. Pero no quieras atraparlo, él nunca se dejará.

De todo esto puedes aprender una sencilla lección: Es importante que disfrutemos de las cosas mientras las tengamos. Que juguemos, nos divirtamos y disfrutemos de todo lo que hay a nuestro alrededor. Pero, nada dura para siempre... Lo importante es que sepamos disfrutar cada día de lo que tenemos. Si hoy tienes al rayito de luz, juega con él, y si mañana no lo tienes, busca otra cosa con la que divertirte y así aprenderás a descubrir lo bueno y lo divertido de cada momento.

Así es que no llores. Hoy está nublado, pero mañana volverá a salir el sol y tu amigo el rayito de luz volverá a visitarte.

Clara escuchó atentamente todo lo que su sabia vecina le decía . Le pareció muy interesante y además aprendió muchas cosas que después le sirvieron para toda la vida.


Y... así ocurrió y así fue, como me lo contaron te lo conté.



jueves, 26 de julio de 2012

Cuento. "La vieja tortuga y el travieso saltamontes"



En un pequeño bosque, no muy lejos de la gran ciudad, vivían junto con otros animales, una vieja tortuga y un travieso saltamontes.

Ya sabéis que las tortugas viven muchos años. La protagonista de esta historia tenía más de cien años. En cambio, el saltamontes era mucho más joven. En realidad sólo tenía unos cien días, pero creía que lo sabía todo. Incluso creía que sabía más que la anciana tortuga.

Normalmente todos los animales del bosque vivían con tranquilidad y armonía, pero desde que el joven saltamontes nació todo había cambiado un poco. Siempre estaba saltando de un lado para otro, hacía mucho ruido sin importarle si era de día o de noche, con lo cual molestaba y despertaba al resto de sus vecinos. Nunca hacía caso a las quejas de los demás y, sobre todo, siempre se burlaba de lo lenta que era la vieja tortuga. Naturalmente, no tenía amigos y siempre se creía que era más listo y mejor que los demás.

Una tarde, estando la tortuga tomando el sol encima  de una piedra, vio como una espléndida hoja de lechuga estaba caída sobre el asfalto de la carretera. Seguro, pensó, que se había desprendido de alguna pieza de las que transportaban los camiones, que iban al mercado para venderlas.

Nuestra amiga creyó que sería estupendo llegar a ella antes de que cayera la noche y así poder comer algo antes de irse a dormir.

Comenzó su lento caminar hacia la hoja de lechuga, pasito a pasito, pasito a pasito... pero, de repente, como si fuera un rayo, vio como el saltamontes de dos grandes brincos llegó primero hasta la hoja. Se posó encima de ella y riéndose a carcajadas le decía a la tortuga:
- ¡Ja, ja..., qué lenta eres, así no llegarás a ninguna parte. Yo he llegado antes que tú, en un pis-pas, y ahora me comeré la lechuga y sólo te dejaré algo cuando ya no tenga ganas ja, ja, ja...!

La anciana tortuga se sintió un poco enfadada y contrariada, ya que le molestaba la actitud del saltamontes; pero siguió andando y andando, lentamente... hasta que llegó a donde estaba la hoja. Mejor dicho, hasta donde había estado. Porque después de todo solamente quedaban unas cuantas briznas duras y resecas. Si no llega a ser porque los demás animalitos del bosque compartieron algo de comida con ella, aquella noche se habría quedado sin cenar. Todos le negaron el saludo al malvado saltamontes y muchos de ellos incluso no le miraban al pasar. Pero a él le daba igual. Seguía pensando que era mucho más listo y mejor que todos ellos.

Una noche, todos los animalitos del bosque se despertaron sobresaltados por un gran resplandor y por el ruido que hacían algunas ramas de los árboles al caer. De pronto alguien gritó ¡fuego, fuego...! Todos corrían despavoridos, de un lado para otro. Las grandes llamas de fuego envolvían a los árboles y el humo se había extendido tanto, que apenas se podía ver a un palmo de narices. Los pájaros emprendieron el vuelo para ponerse a salvo. Las ardillas saltaban de una rama a otra para alejarse de allí. Los conejos entraban en sus madrigueras y cruzaban corriendo por los túneles que habían escavado debajo de tierra... Todos, absolutamente todos, consiguieron ponerse a salvo.

Bueno, todos, todos...no. ¿Sabéis lo que les ocurrió a la tortuga y al saltamontes? Pues veréis...
Nuestra vieja amiga la tortuga se había acercado hasta la orilla del río y, cuando se disponía a cruzarlo a nado para alejarse de allí, oyó cómo un pequeño lamento salía de entre unos juncos, situados junto a ella. Cuando se volvió para ver quién era el que lloraba, cuál no sería su sorpresa al ver al travieso saltamontes, agachadito y temblando de miedo al ver que no podía salir de allí y que el fuego se iba acercando cada vez más.

Ya sabéis que los saltamontes no saben nadar y que en cambio las tortugas se mueven perfectamente dentro del agua.
Pues bien, el saltamontes no paraba de llorar y suplicar a la vieja tortuga que lo ayudara a salir de allí, ella se colocó delante de él y le dijo:
- Debería pagarte con la misma moneda. Debería reírme de ti y decirte que eres muy torpe por no saber nadar. Y, finalmente, debería irme hasta el otro lado del río y dejarte aquí en medio del fuego... pero no voy a hacerlo. Te demostraré que soy un poco mejor que tú y que también sé hacer algunas cosas mejor que tú. Dejaré que te subas a mi caparazón y que cruces el río conmigo. Pero me tienes que prometer que nunca más te volverás a reír ni de mí ni de nadie y que de aquí en adelante respetarás y ayudarás a los demás animalitos del bosque cada vez que lo necesiten. ¿Está de acuerdo?
- ¡Sí, sí...! Te lo prometo, contestó el saltamontes.

De esta forma, fue como la tortuga y el saltamontes cruzaron el río juntos.
Cuando llegaron a la otra orilla, el resto de los animales se quedaron asombrados de lo que estaban viendo. ¿Cómo era posible que la tortuga dejara que el saltamontes se subiera a su caparazón para cruzar el río, después de todo lo que le había hecho... ? Nuestra vieja amiga les dijo:
- ¡Atención, prestad silencio...! Tenemos un nuevo amigo y quiere decirnos algo.
El saltamontes, muy apenado, comenzó a disculparse:
- Quiero pediros perdón por todas las molestias que os he causado. He aprendido que no soy mejor ni más listo que nadie y que lo más importante para vivir con los demás es respetarnos y ayudarnos unos a otros cuando lo necesitemos. Prometo que de aquí en adelante así lo haré.

Todos los animalitos le dieron un gran aplauso. También aplaudieron y dieron tres hurras a la valiente y estupenda tortuga, que había conseguido que el travieso saltamontes cambiara de actitud.

Desde entonces todos vivieron felices, aunque no pudieron volver al antiguo bosque porque había quedado destruido por el fuego, pero pronto encontraron un nuevo lugar donde vivir.

Y… así ocurrió y así fue, como me lo contaron te lo conté.