Marita nació un día de primavera, justo al mismo tiempo que la mayoría de las flores de su jardín.
Marita nació tan pequeñita que su padre podía cogerla con una sola mano. No pudieron colocarla en la cuna que le tenían preparada, porque se perdía en ella, y la acostaron en una cestita de mimbre, que colocaron encima de la mesita de noche, que había al lado de la cama de sus papás.
Cuando la niña lloraba por las noches, su mamá sólo tenía que acariciarla un poquito y, enseguida, se volvía a dormir.
Los primeros años de su vida transcurrieron como los de cualquier niña de su edad, aunque siempre demostró ser un poco “cabezota”. Cuando se empeñaba en no comer algo, era imposible intentar que probara bocado. Cuando quería tener algo, no paraba hasta conseguirlo. Pero su gran “cabezonería” llegó cuando al cumplir los nueve años decidió que ya “no quería crecer más”. Un día, muy seria, se colocó delante de sus papás y les dijo:
- Papá, mamá. Ya no quiero crecer más.
- ¡ Pero..., hija!, contestaron sus padres.¡ Eso es imposible! No podrás evitarlo. Los días pasan y tú irás creciendo y cumplirás un año más y luego otro y luego otro... y acabarás siendo una señorita alta y espigada y te sentirás orgullosa de ello.
- ¡ No!, ¡ no quiero crecer más! Contestó Marita muy enfadada.
- Me acostaré en la cuna, me seguiré poniendo los mismos zapatos, aunque me estén pequeños y no tomaré leche. Así mis huesos no crecerán.
Los padres de Marita se quedaron muy preocupados. No podían entender lo que le pasaba a su hija. Intentaron no darle mucha importancia y decidieron no volver a hablar del tema.
Pasó un día, pasaron dos y la niña fue cumpliendo a “rajatabla” lo que había dicho. Al cabo del tiempo, todos los amigos y amigas de Marita se dieron cuenta de que la niña no crecía.
- Marita, ¿ qué te pasa? Últimamente no has crecido nada. ¿ Acaso estás enferma?
- No, contestó Marita, no estoy enferma, ni me pasa nada. Es sólo que he decidido dejar de crecer.
- ¿ Quéee...? ¿ Dejar de crecer...? ¡ Tú estás loca! No se puede dejar de crecer cuando a uno le apetece...
- ¡ Yo, sí!
- ¿ Tú sí...? ¿Cómo lo has conseguido?
- ¡Muy fácil!, me acuesto en una cuna de bebé, así las piernas no me crecen durante la noche. Me pongo los zapatos de cuando era pequeña, así los pies tampoco me crecen. Además, no tomo leche, ni como queso, ni yogurt, ni mantequilla para que de este modo tampoco me crezcan los huesos.
- ¿Por qué haces eso?
- Lo hago porque no quiero ser mayor, no me gusta el mundo de los mayores. Son aburridos, no les gusta leer cuentos, ni ver dibujos animados, ni jugar a correr, ni sacar la lengua, ni hacer tonterías, ni ponerse los zapatos al revés,...
Siempre tienen prisa, van de un lado para otro, nerviosos, malhumorados,... y, cuando llegan a casa, están tan cansados que no se les puede molestar. Todo les sienta mal y además casi siempre les duele algo... ¡Definitivamente...!, he pensado que no quiero ser mayor.
Quiero seguir siendo una niña, jugar en el parque, comer chucherías y meterme el dedo en la nariz.
Los amigos y las amigas de Marita, al escuchar esto, no supieron qué decir. En parte tenía una poca de razón; pero, por otro lado, era una idea un poco rara y bastante descabellada la de no querer crecer.
Decidieron no hacer más comentarios y esperar a que el tiempo pasara...
Un día, cuando Marita y sus amigos jugaban en el parque, vieron pasar una preciosa cabalgata con payasos de colores, músicos, bailarinas, acróbatas, domadores, elefantes y hasta un camello, que llevaba un gracioso monito subido encima de su joroba.
Todos los niños, que jugaban en el parque, corrieron para ver qué era aquello. Cuando se acercaron, vieron que se trataba de la cabalgata que anunciaba la llegada de un circo a la ciudad.
Un payasete, con una gran nariz roja y un sombrero colocado al revés, se acercó al grupo de niños donde estaba Marita y les regaló unas entradas para que esa misma tarde pudieran ir al circo y ver la función.
Marita salió corriendo hacia su casa:
- ¡Mamá, mamá! ¡ Mira lo que tengo! Un payasete me ha regalado una entrada para que vayamos esta tarde al circo. ¿ Podremos ir?
- No lo sé, contestó su madre.
- ¡ Por favor..., por favor..., por favor!, suplicaba la niña, casi llorando.
- No Marita, no tienes derecho a pedir y a suplicar que te dejemos hacer algo, ya que tú tomas tus propias decisiones, como por ejemplo dejar de crecer, y no haces caso a lo que los demás te decimos. Te pondrás enferma si sigues con esa actitud y nosotros sufriremos mucho. Definitivamente, si no cambias yo tampoco te dejaré ir al circo.
La niña se quedó triste y pensativa. Por un lado no quería renunciar a su idea de “no crecer más”, pero por otro se dio cuenta de que estaba haciendo sufrir a sus padres y de que, además, estaban tan enfadados con ella que no la dejarían ir al circo. Ésto la hizo pensar un rato y después tomar una decisión: prometió que se tomaría un vaso de leche aquella tarde si su madre la llevaba a ver el espectáculo y que luego se replantearía su decisión.
- Está bien hija, contestó su madre, pero cuando volvamos a casa seguiremos hablando.
Cuando aquella tarde llegaron a las puertas del circo, Marita se quedó impresionada. Era una gran carpa blanca, inmensa, con cintas y luces de colores, con grandes letreros luminosos, que se encendían y se apagaban, y con montones de jaulas de animales. Había también muchas banderas de distintos países, todas colocadas una al lado de las otras.
Cuando la niña se sentó con sus papás en los asientos que les habían correspondido, no pudo dejar de mirar de un lado a otro. Parecía que estaban dentro de una gran burbuja blanca en la que todo era mágico.
Todos los niños llevaban globos de colores que les habían regalado al entrar. Todos reían y hablaban a gritos. Era muy emocionante...
¡ De pronto...! Las luces se apagaron. Todo se quedó en silencio..., casi no se oía respirar... Poco a poco un foco de luz fue iluminando la parte más alta del circo y allí...una figura alta, delgada y bellísima comenzó a moverse muy despacio...
Marita, al igual que todos los demás niños, se quedó con la boca abierta, mirando...
- ¿ Qué es eso?, se preguntó.
¡ Es una bailarina!
Sí, era una bailarina. Una bailarina que, poco a poco, fue bajando lentamente por la cuerda hasta llegar al suelo.
De repente, dio un salto..., dos..., tres...; una pirueta..., otra...; otro salto ...y otra pirueta... y así hasta que recorrió toda la pista del circo. Parecía que tenía alas en los pies.
- ¡ Qué bonito!, gritó Marita. No paraba de aplaudir entusiasmada.
Cuando la bailarina se acercó hasta los asientos para lanzar flores y caramelos a todos los niños, Marita se dio cuenta de las piernas y los brazos tan fuertes y tan larguísimos que tenía.
Se miró sus brazos y sus piernas y se los encontró un poco pequeños y escuchimizados.
Después de la bailarina vinieron los payasos y después los trapecistas y después los domadores... ¡ Todo fue precioso!
Marita se dio cuenta de que también en el mundo de los mayores había personas que se dedicaban a hacer reír a los demás, que no todos eran gruñones, estirados y cascarrabias, como ella pensaba, sino que en el mundo del circo los mayores se hacían como niños y que todos juntos se divertían y lo pasaban muy bien; aunque estuvieran trabajando, porque ésa era su ocupación.
Cuando salieron del circo, Marita pensó que quizás no fuera tan malo crecer.
Le gustó tanto la bailarina, que decidió que era eso lo que quería ser de mayor.
Al llegar a casa se lo dijo a su mamá y le prometió que no volvería a dormir en la cuna, que no se pondría los zapatos pequeños, que bebería mucha leche, que comería queso y mantequilla y así crecería y crecería para llegar a tener unas piernas y unos brazos largos y fuertes con los que poder saltar, hacer piruetas en el aire y ser una bailarina tan fantástica como la que había visto aquella tarde en el circo.
Y así sucedió...
Marita cumplió su promesa y a los dieciocho años llegó a ser una bailarina estupenda. Su figura se alargó, sus brazos y sus piernas se volvieron fuertes y estilizados y se convirtió en toda una señorita, tal y como se lo había dicho su madre.
¡Ah!, y si algún día vais al circo, allí la veréis.
Y... así ocurrió y así fue, como me lo contaron te lo conté.
“Mi nombre es María, tengo 18 años y soy hija adoptiva. Mis padres me adoptaron cuando yo tenía 1 añito y no recuerdo cuándo me lo dijeron, pero sí cómo lo hicieron, me contaron un Cuento...” Así comienza el relato de María, una joven adoptada con 1 año de edad y a cuyos padres, llegado el momento, se les platearon las mismas dudas que a cada uno de nosotros, padres adoptivos.
jueves, 14 de junio de 2012
martes, 15 de mayo de 2012
Adopción: "Sentido común y mucho cariño..." IV
¡Ya estamos en casa…!
Sería conveniente llevar al peque al pediatra lo antes posible. Aunque su aspecto sea estupendo y tenga todas las vacunas puestas, en teoría, es bueno que el médico considere si recomendable volver a vacunarlo/a o no.
Podéis tener más información sobre “salud y adopción” en el blog de la “Asociación Tejiendo sueños”.
Y llegamos a un punto importante, para nos otros lo fue y mucho…
¿Dónde duerme el pequeño/a al llegar a casa?
En primer lugar, depende de la edad del niño/a.
Hay quien opina que es mejor que duerma en su habitación solo/a o con hermanos, si es el caso.
Otros padres pensamos que si el niño/a es menor de 2 años, debería dormir un tiempo en la habitación de los padres.
Os cuento nuestra experiencia: Nuestra hija María llegó a casa con 15 meses, en un principio intentamos que durmiera en su cuna sola en la habitación. Consideramos que los llantos del primer día eran normales. Estuvo llorando toda la noche, sólo dormía 10 minutos cada 2 horas, cuando ya estaba agotada, pero al rato se volvía a despertar llorando, así durante las noches siguientes. Intentamos seguir el método Estivill, pero no sirvió de nada. Cuando llevábamos 5 ó 6 noches así, la niña tuvo una subida de fiebre de casi 40 grados, la llevamos al pediatra pero no le encontró nada, le comentamos lo que nos estaba ocurriendo y su consejo fue que metiéramos a la niña en nuestra habitación. María estaba asustada, necesitaba acostumbrarse a nosotros, a su nueva situación, a su nuevo hogar, a los nuevos sonidos, luces y hasta nuevos olores… En definitiva, teníamos que actuar como si fuera, en este tema, un bebé recién nacido y darle tiempo, tener paciencia y mucho, mucho cariño…
Este tema lo hemos tratado con otras familias, cada uno teníamos una opinión. Pero lo que sí teníamos claro es que lo más importante es que utilicemos el sentido común y consultemos con un especialista si es necesario.
Nuestros niños/as crecerán con toda normalidad, serán unos más en el ambiente que se desenvuelvan, pero no debemos olvidar que sus primeros meses o años de vida no los han vivido con nosotros y que esa “pieza del puzzle” que nos falta y les falta hay que saber colocarla en su lugar…
Me gustaría conocer vuestras opiniones y comentarios, así aprenderemos y nos enriqueceremos más todos.
Seguimos en contacto…
Sería conveniente llevar al peque al pediatra lo antes posible. Aunque su aspecto sea estupendo y tenga todas las vacunas puestas, en teoría, es bueno que el médico considere si recomendable volver a vacunarlo/a o no.
Podéis tener más información sobre “salud y adopción” en el blog de la “Asociación Tejiendo sueños”.
Y llegamos a un punto importante, para nos otros lo fue y mucho…
¿Dónde duerme el pequeño/a al llegar a casa?
En primer lugar, depende de la edad del niño/a.
Hay quien opina que es mejor que duerma en su habitación solo/a o con hermanos, si es el caso.
Otros padres pensamos que si el niño/a es menor de 2 años, debería dormir un tiempo en la habitación de los padres.
Os cuento nuestra experiencia: Nuestra hija María llegó a casa con 15 meses, en un principio intentamos que durmiera en su cuna sola en la habitación. Consideramos que los llantos del primer día eran normales. Estuvo llorando toda la noche, sólo dormía 10 minutos cada 2 horas, cuando ya estaba agotada, pero al rato se volvía a despertar llorando, así durante las noches siguientes. Intentamos seguir el método Estivill, pero no sirvió de nada. Cuando llevábamos 5 ó 6 noches así, la niña tuvo una subida de fiebre de casi 40 grados, la llevamos al pediatra pero no le encontró nada, le comentamos lo que nos estaba ocurriendo y su consejo fue que metiéramos a la niña en nuestra habitación. María estaba asustada, necesitaba acostumbrarse a nosotros, a su nueva situación, a su nuevo hogar, a los nuevos sonidos, luces y hasta nuevos olores… En definitiva, teníamos que actuar como si fuera, en este tema, un bebé recién nacido y darle tiempo, tener paciencia y mucho, mucho cariño…
Este tema lo hemos tratado con otras familias, cada uno teníamos una opinión. Pero lo que sí teníamos claro es que lo más importante es que utilicemos el sentido común y consultemos con un especialista si es necesario.
Nuestros niños/as crecerán con toda normalidad, serán unos más en el ambiente que se desenvuelvan, pero no debemos olvidar que sus primeros meses o años de vida no los han vivido con nosotros y que esa “pieza del puzzle” que nos falta y les falta hay que saber colocarla en su lugar…
Me gustaría conocer vuestras opiniones y comentarios, así aprenderemos y nos enriqueceremos más todos.
Seguimos en contacto…
sábado, 5 de mayo de 2012
Adopción: "Sentido común y mucho cariño..." III
Y seguimos con…
Volvemos a casa…
Cuando volváis a casa, si lo hacéis en avión y viajáis con un bebé, pedéis solicitar en atención la cliente una cuna para bebé. Normalmente los aviones disponen de pequeñas cunas donde los niños/as pueden descansar algunas horas, sobretodo en viajes muy largos.
Es normal que nos haga mucha ilusión que nuestros familiares y amigos nos reciban en el aeropuerto, pero por el bien del pequeño/a no es aconsejable que se hagan grandes recibimientos, pensemos que son niños/as muy pequeños, que posiblemente estén “sufriendo un proceso de estrés postadopción”, que necesitan sentirse tranquilos y seguros. Aunque resulte pesada, vuelvo a repetir, no es conveniente darles abrazos ni besos y mucho menos personas extrañas para ellos, a las que nunca han visto.
Algunas veces he visto en televisión o en algún documental el recibimiento de algunas familias que vienen con sus hijos/as. Con frecuencia son un gran número de personas, con pancartas de bienvenida que forman un tremendo escándalo nada más ver aparecer a los padres con el niño/a, sólo hay que mirar la cara del peque para notar lo asustado que está.
En la próxima entrada comentaré algunos datos a tener en cuenta al llegar a casa…
Seguimos en contacto…!
Volvemos a casa…
Cuando volváis a casa, si lo hacéis en avión y viajáis con un bebé, pedéis solicitar en atención la cliente una cuna para bebé. Normalmente los aviones disponen de pequeñas cunas donde los niños/as pueden descansar algunas horas, sobretodo en viajes muy largos.
Es normal que nos haga mucha ilusión que nuestros familiares y amigos nos reciban en el aeropuerto, pero por el bien del pequeño/a no es aconsejable que se hagan grandes recibimientos, pensemos que son niños/as muy pequeños, que posiblemente estén “sufriendo un proceso de estrés postadopción”, que necesitan sentirse tranquilos y seguros. Aunque resulte pesada, vuelvo a repetir, no es conveniente darles abrazos ni besos y mucho menos personas extrañas para ellos, a las que nunca han visto.
Algunas veces he visto en televisión o en algún documental el recibimiento de algunas familias que vienen con sus hijos/as. Con frecuencia son un gran número de personas, con pancartas de bienvenida que forman un tremendo escándalo nada más ver aparecer a los padres con el niño/a, sólo hay que mirar la cara del peque para notar lo asustado que está.
En la próxima entrada comentaré algunos datos a tener en cuenta al llegar a casa…
Seguimos en contacto…!
miércoles, 25 de abril de 2012
Adopción: Sentido común y mucho, mucho cariño...II
Y... seguimos con:
Las primeras horas con nuestras hijas/os
No los bañéis el primer día, lavadlos con una toalla empapada en agua. Es normal que nuestras hijas/os tengan miedo a la bañera o a la ducha, probablemente nunca los hayan bañado.
Una buena idea es comprar un barreño y, con poca agua, meterlo en de la bañera y colocar al niño/a dentro. El peque se irá acostumbrando a estar en esa situación (dentro de la bañera) y poco a poco podréis ir retirando el barreño.
Tampoco es raro que no quieran comer, algunos sí y otros no, depende de su nivel de estrés es mayor o menor. Si les presentamos variedad de alimentos, sobretodo los que son propios de su lugar de origen, en unos días, estará el problema resuelto...
Recuerdo que mi hija no consentía comer nada, ni siquiera la sopa de arroz que, en teoría, gustaba a todas las niñas de su grupo, sólo tomaba una poquita de leche varias veces al día. El segundo día de estar con ella, nos fuimos a comer a un restaurante, nos pusieron un gran plato de patatas fritas encima de la mesa y cual no sería nuestra sorpresa al verla alargar la mano, desde la sillita, y comenzar a coger patatas y a comérselas desesperadamente. ¡Por fin habíamos encontrado algo que le gustaba...!
Se me ha olvidado contar algo que, en nuestro caso, fue bastante interesante o al menos curioso... Casi todas las niñas de nuestro grupo preferían estar en brazos de los padres y no de las madres. Al principio había opiniones para todos los gustos... unos pensaban que posiblemente era porque notaban la “fortaleza” del padre y por instinto de supervivencia se aferraban a él, otros creían que era un rechazo a las mujeres por un mal recuerdo hacia sus cuidadoras... la teoría más creíble, según yo pienso, es que en la mayoría de los casos somos las madres (mujeres) las que las cogemos en el momento de la entrega, las que las ”arrancamos” de su mundo conocido y no es raro que no quieran saber mucho de nosotras, por lo menos en los primeros momentos.
Recuerdo a una pareja de nuestro grupo que era tal el “aferramiento” que la niña tenía hacia el padre que la madre tenía que vestirlo y desvestirlo, incluso darle de comer porque la niña no consentía soltarse de sus brazos...
Y creo que es suficiente por hoy...
¡Seguimos en contacto!
Las primeras horas con nuestras hijas/os
No los bañéis el primer día, lavadlos con una toalla empapada en agua. Es normal que nuestras hijas/os tengan miedo a la bañera o a la ducha, probablemente nunca los hayan bañado.
Una buena idea es comprar un barreño y, con poca agua, meterlo en de la bañera y colocar al niño/a dentro. El peque se irá acostumbrando a estar en esa situación (dentro de la bañera) y poco a poco podréis ir retirando el barreño.
Tampoco es raro que no quieran comer, algunos sí y otros no, depende de su nivel de estrés es mayor o menor. Si les presentamos variedad de alimentos, sobretodo los que son propios de su lugar de origen, en unos días, estará el problema resuelto...
Recuerdo que mi hija no consentía comer nada, ni siquiera la sopa de arroz que, en teoría, gustaba a todas las niñas de su grupo, sólo tomaba una poquita de leche varias veces al día. El segundo día de estar con ella, nos fuimos a comer a un restaurante, nos pusieron un gran plato de patatas fritas encima de la mesa y cual no sería nuestra sorpresa al verla alargar la mano, desde la sillita, y comenzar a coger patatas y a comérselas desesperadamente. ¡Por fin habíamos encontrado algo que le gustaba...!
Se me ha olvidado contar algo que, en nuestro caso, fue bastante interesante o al menos curioso... Casi todas las niñas de nuestro grupo preferían estar en brazos de los padres y no de las madres. Al principio había opiniones para todos los gustos... unos pensaban que posiblemente era porque notaban la “fortaleza” del padre y por instinto de supervivencia se aferraban a él, otros creían que era un rechazo a las mujeres por un mal recuerdo hacia sus cuidadoras... la teoría más creíble, según yo pienso, es que en la mayoría de los casos somos las madres (mujeres) las que las cogemos en el momento de la entrega, las que las ”arrancamos” de su mundo conocido y no es raro que no quieran saber mucho de nosotras, por lo menos en los primeros momentos.
Recuerdo a una pareja de nuestro grupo que era tal el “aferramiento” que la niña tenía hacia el padre que la madre tenía que vestirlo y desvestirlo, incluso darle de comer porque la niña no consentía soltarse de sus brazos...
Y creo que es suficiente por hoy...
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martes, 24 de abril de 2012
Adopción: "Sentido común y mucho cariño..." I
Adopción
"Sentido común y mucho, mucho cariño...”
No es mi intención dar consejos a nadie, sólo quiero dar a conocer algunas situaciones que, en la mayoría de los casos, son comunes a casi todas las familias que hemos vivido la adopción de un hijo/a, sobretodo adopción internacional.
Cuando pienso en cómo resolvimos, intentamos resolver, mi marido y yo algunos hechos que vivimos en el proceso de adaptación de nuestra hija, tengo muy claro que la mayoría de esas situaciones, ahora, las resolveríamos de otra manera. Y la fórmula a emplear sería muy sencilla... “sentido común y mucho, mucho cariño”
Sinceramente creo que las personas que nos dieron “ciertos consejos” lo hacían con las mejores intenciones, pero está claro que cada niño/a es un mundo y que las experiencias vividas por estos niños/as antes del momento de la adopción marcarán de forma significativa su forma de relacionarse con nosotros, sus padres adoptivos, en los primeros meses de convivencia.
Primeras horas con nuestra hija/o:
Es normal que os muráis de ganas de abrazarlas, besarlas, achucharlas... pero tened en cuenta que pueden asustarse, interpretarlo como una agresión. Por mucho que nosotros, sus padres adoptivos, hayamos “soñado” con ellas, con ese momento mágico del encuentro, la realidad se impone y la realidad es que SOMOS UNOS EXTRAÑOS para ellas/os, en muchos de los casos con una fisonomía diferente, con un idioma diferente e incluso con un olor diferente al que ellas están acostumbradas. Recuerdo que a mi hija María le llamaban mucho la atención mis gafas y la nariz y orejas de mi marido.
No os preocupéis si al principio, durante las primeras horas, la niña/o se muestra poco activa o incluso adormecida. No es raro que si han tenido que viajar durante horas desde su orfanato, las cuidadoras les den alguna sustancia (natural) que les ayude a dormir durante el viaje. Lo normal es que ese “atontamiento” se les pase en unas horas. Recuerdo que durante el primer día de estar con nuestra hija, pensábamos que aunque nos habían dicho que la niña andaba, no era así, pero bastaron unas horas de sueño para que María se mostrara como “el torbellino” que era...
No hagáis caso a quienes os aconsejen que coloquéis una toalla entre la cuna de la niña/o y vuestra cama, en teoría para que no se acostumbre a dormir con vosotros al lado. La niña/o necesita ir acostumbrándose a nuestra presencia, a sentir que estamos cerca... y difícilmente lo hará si colocamos una barrera entre ella y nosotros.
Mi hija estaba acostumbrada a dormir agarrada a la oreja de otra persona (estuvo en una familia de acogida). Durante los primeros días fue imposible dormirla de otra manera, con el tiempo se fue acostumbrando a dormirse agarrada a su propia oreja o a la oreja de un muñeco...
Hay muchas más cosas que me gustaría seguir compartiendo con vosotros, pero lo dejamos para más adelante...
¡Seguimos en contacto...!
domingo, 15 de abril de 2012
Cuentos para crecer
Quiero compartir con vosotros un libro de cuentos que acabo de publicar en la editorial Bubok, se titula CUENTOS PARA CRECER.
Los cuentos no están relacionados directamente con el mundo de la adopción, pero nos pueden ayudar a "resolver" los pequeños problemas que se nos presentan en el día a día con nuestros hijos/as. Espero que os gusten.
domingo, 5 de febrero de 2012
CHARLA- COLOQUIO: La inteligencia emocional, gestión y control de las emociones de los niños adoptados
Los sentimientos y las emociones están presentes en la vida de las personas y son determinantes en relación a la construcción de la personalidad y al cómo nos desenvolvemos en nuestros diversos entornos. También para los niños y las niñas adoptados. La vida familiar y lo vivido en la escuela está condicionado por la llamada inteligencia emocional.Por eso y como ya venimos anunciando, os recordamos que el próximo VIERNES 10 DE FEBRERO tendremos una CHARLA- COLOQUIO a cargo de Iolanda Serrano titulada:“La inteligencia emocional, gestión y control de las emociones de los niños adoptados” .Iolanda Serrano es Licenciada en Pedagogía y Diplomada en Educación Social. Miembro del Equipo psicopedagógico de l’Institut Familia y Adopción. Vicepresidenta de La Voz de los Adoptados y Coordinadora de La Veu dels Adoptats- Catalunya y miembro de la Junta Directiva La Voz de los Adoptados- Espanya. Desde 2010 ha intervenido en Orientación, asesoramiento, formación a padres adoptantes, hijos adoptivos y profesionales del ámbito de la educación y de los servicios sociales.
Será en el CEP Luisa Revuelta de Córdoba. Situado en C/ Dª Berenguela, 2; a partir de las 19:00 h.
La entrada es libre y contaremos con un servicio de cuidado de niños.
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