miércoles, 20 de abril de 2016

Presentación del manual Peculiaridades en la Escuela Sagrado Corazón de Córdoba

Hoy hemos presentado en la Escuela de magisterio Sagrado Corazón de Córdoba, un trabajo realizado sobre las "Peculiaridades de los niños adoptados en el aula".

 Desde la Asociación Tejiendo sueños, queremos agradecer la asistencia de un gran número de alumnos. Esperemos que esta información os ayude en vuestro futuro profesional. Gracias

martes, 29 de marzo de 2016

Charla- coloquio de Fernando Alberca sobre

“Leyendo a Fernando Alberca, se aprende que ser padres es mucho más fácil de lo que parece”.
Revista Phychologies (entrevista, marzo 09)


Una de las edades que más dificultades y desconciertos presenta para padres y educadores es la adolescencia. 

Aunque nuestra asociación se centra en las peculiaridades de los niños/as adoptados, nos parece muy necesario el reflexionar y buscar orientación sobre esta etapa vital, en el contexto social y cultural, en el que se encuentran muchos de nuestros hijos e hijas.

Pero, ¿qué es la adolescencia?, ¿cómo son los adolescentes actuales?, el ser adolescente adoptado, ¿tiene algunas connotaciones?

A éstas, y a otras muchas preguntas, tratará de responder Fernando Alberca en la CHARLA- COLOQUIO titulada " Adolescentes".

Esta actividad promovida por la Asociación Tejiendo Sueños de Córdoba tendrá lugar el viernes 22 de abril a las 19 h. en el salón de actos del Centro del Profesorado "Luisa Revuelta" de Córdoba ( C/ Dª Berenguela,2 ).

La entrada es libre hasta completar aforo.

sábado, 16 de enero de 2016

Sobreproteger...

¿A que padre o madre no se le rompe el alma al ver sufrir a su hija/o? Está claro que la solución no viene por sobreprotegerlos, ni meterlos en una burbuja, ni hacerles creer que el mundo es cruel... aunque tengo que reconocer que la primera intención va por ahí... Pero es mucho más efectivo dotar a nuestros hijos/as de las herramientas adecuadas para salir airosos de las situaciones difíciles con las que se van a encontrar a lo largo de su vida.
Mi hija está viviendo una de esas situaciones, tengo que confesar que mi primera intención ha sido protegerla, aislarla del entorno y de las personas que la hacen sufrir, pero ella misma me ha pedido, demostrándome a sus 11 años una madurez y una fortaleza fuera de lo normal, que quiere seguir adelante, que lo único que necesita es nuestro apoyo y nuestro cariño...
"Mi querida hija, mis ojos de almendra, ten la seguridad de que estaremos contigo siempre que nos necesites. Que cuando lleguen los momentos de soledad, miedo y oscuridad, nos tendrás incondicionalmente a tu lado. Pero también celebraremos juntos los triunfos y la alegría de tenerte con nosotros... Te queremos mucho, princesa"

viernes, 8 de enero de 2016

Padres terapéuticos


Padres terapéuticos

Hoy he escuchado, a través de “Escuela andaluza se salud pública”, la conferencia de Lose Luis Gonzalo Marrodán sobre “Vinculación y apego...”. A pesar de los años que llevo vinculada con el mundo de la adopción, mi reflexión ha sido: ¡ Cuánto me queda por aprender...!
Desde que adoptamos a nuestra hija, con 15 meses, ahora tiene 11 años, mi marido y yo no hemos dejado de informarnos y formarnos sobre todo lo referente al niño/a adoptado.
Me considero “una madre al pie del cañón” pero en muchas ocasiones es inevitable que nos surja la duda de estar haciéndolo bien o no...
Jose Luis ha comentado que en este camino, a veces, “sucede que se dan dos pasos hacia adelante y cinco hacia atrás...” ¡Verdad verdadera...!
Cómo me gustaría poder tener en esos momentos los recursos y conocimientos suficientes para poder ayudar a mi hija. El amor, el cariño, la paciencia, son imprescindibles, pero nuestros hijos/as necesitan “padres terapéuticos” que les ayuden a afrontar los momentos difíciles, llenos de dudas, miedos e inseguridades... Y por eso “seguimos en la brecha...”
Los libros de Jose Luis, su blog “Buenos tratos” y la posibilidad de escucharlo en alguna de sus charlas, son de gran ayuda para nosotros. Muchas gracias.

martes, 1 de diciembre de 2015

“Hoy te observo...”


Hoy te observo junto a la ventana, tus ojos miran queriendo llegar lo más lejos posible, como si por arte de magia pudieras hacer desaparecer los mares, las montañas, la distancia, el tiempo...
Creo adivinar en ti la duda de no saber cómo fue, qué ocurrió, por qué a ti...
La rebeldía, la tristeza, la contrariedad, propias de tu edad, se hacen gigantes cuando la sombra de la palabra “abandono” martillea en tu mente...

¡Ojalá hubiera sucedido de otra forma...! O quizás no...!
¡Ojalá pudiera evitarte ese sufrimiento...! O quizás no..!
¡Ojalá, ojalá, ojalá...!

Pero esta es nuestra historia, la más bonita del mundo para nosotros y de la que no cambiaría ni un punto, ni una coma... porque en ella estás tú...

Te secas la lágrima que corre por tu mejilla, sonríes al saber que te observo, todo el amor del mundo se refleja en tu mirada y pronuncias las palabras más dulces, más entrañables, más tiernas que una madre puede escuchar... “TE QUIERO MUCHO MAMÁ” Y el alma se me derrite y sólo alcanzo a contestar... “Y yo a ti, mi princesa...”

miércoles, 17 de junio de 2015

Comienza una nueva vida...


Los primeros rayos de sol iluminaron la carita que asomaba dormida entre las mantas arrulladas.
Una cesta pequeña apenas se distinguía entre los grandes escalones que llevaban a la entrada de un edificio frío y destartalado. Unos pasos se acercaron y pararon en seco.
Al ver a la pequeña criatura acurrucadita, dormida, ajena al momento trascendente que estaba viviendo, la cuidadora la recogió con cariño y susurró en voz baja “ no temas pequeña...”
Dentro del orfanato decenas de cunitas acogían a los pequeños bebés de dos en dos, parecía que de este modo la soledad de las ausencias sería más leve...
Al otro lado de la calle, una mujer destrozada por el dolor lloraba desconsolada, no podía hacer otra cosa...

martes, 16 de junio de 2015

Gordita y Malanda


Hace muchos, muchos años, en un país muy lejano, había una región cubierta de grandes lagos y de verdes bosques, donde cada dos por tres había un castillo y en cada castillo vivía un príncipe o una princesa.

        Yo os voy a contar lo que le ocurrió a dos de estas princesas:
 Una de ellas, había nacido en primavera. Era rubia, simpática y sonrosada. Le pusieron de nombre Belinda; pero como nació muy rolliza y además le gustaba mucho comer, todos la llamaban cariñosamente  Gordita.
 La otra princesa había nacido un día oscuro y triste de invierno. Desde que nació no paraba de llorar y nunca quería comer, siempre estaba triste. Le pusieron de nombre Miranda, pero como era muy torpe al andar y siempre estaba tropezando y cayendo, la llamaban A Malanda.
Gordita y Malanda vivían muy cerca una de la otra, pero nunca se habían visto, mejor dicho, Gordita no conocía a Malanda, pero ésta sí conocía a Gordita, ya que cada tarde se asomaba a la ventana del torreón más alto del castillo para ver cómo su vecina jugaba, comía y se divertía con los demás niños que vivían por allí.
Malanda nunca quería bajar a jugar. Comía tan poco que casi nunca tenía fuerzas para correr y, además, siempre se caía al suelo cuando lo  intentaba. Tenía miedo de que los demás niños y niñas, príncipes y princesas se rieran de ella; por eso, se pasaba las tardes enteras asomada a la ventana, pero sin querer salir a jugar. Sólo le gustaba tocar el piano y, en realidad, lo hacía muy bien.
Mientras Gordita crecía alegre y juguetona, Malanda crecía triste y solitaria... y esto es importante tenerlo en cuenta para comprender lo que ocurrió después.

Cuando Gordita cumplió 12 años, sus padres dieron una gran fiesta e invitaron a todos los niños y niñas del lugar, incluida Malanda. Pero, como era de esperar, ésta no se presentó. La estuvieron esperando durante toda la tarde, incluso le guardaron un trozo de pastel de tarta y algunos regalos con sorpresa, pero al final, al ver que no llegaba, decidieron repartírselos entre ellos.
  Desde su alto torreón, la triste princesa, oía las risas y los cantos de la fiesta y ésto la puso todavía más triste. Se miró al espejo, ella tenía 11 años y lo que vio fue una niña delgadita y larguirucha.  Además, como nunca le daba el sol, tenía una piel descolorida y pálida. Ella creía que era muy fea y pensaba que era mejor mantenerse oculta.
Al año siguiente, cuando Malanda cumplió 12 años, sus padres, que estaban muy preocupados por ella, decidieron hacer una fiesta con todos los niños y niñas del lugar, para ver si su hija se alegraba. Hicieron invitaciones que repartieron por todo el lugar, adornaron el salón más grande del castillo, contrataron a músicos e incluso a una pareja de Asaltimbanquis@ para amenizar la fiesta... , en fin, todo estaba preparado a la perfección.
Todos los príncipes y las princesas, incluida Gordita, se sorprendieron mucho por la invitación, ya que ninguno conocía a esta princesa. Pero decidieron ir todos a conocerla y a llevarle cada uno un pequeño regalo. Gordita hizo unos pastelillos de chocolate, vainilla, fresa y crema, que estaban deliciosos. Todo el que los probaba, repetía. Otro niño le compró un lazo; otra niña unos pendientes; otro, una preciosa bufanda...

Cuando llegaron al lugar donde se iba a celebrar la fiesta cada uno fue colocando su pequeño regalo encima de una mesa, que había en el centro del salón. Éste estaba adornado con globos, cintas de colores, guirnaldas, etc...; pero no había ni rastro de la anfitriona, es decir, de Malanda.
Todos miraban de un lado para otro, sin saber qué hacer. De pronto, Gordita, vio asomar la punta de unos zapatos azules por debajo de una cortina roja.

-  ¡Ajajá... dijo, ya sé donde está! Está escondida detrás de la cortina. 
-  ¡Hola amiga!, dijo Gordita. Pero nadie contestó.
-  ¡Hola!, volvió a repetir.  ¿Estás escondida detrás de la cortina?
-  ¡Sí!, se oyó decir con una vocecita tímida y apagada.
- ¿ Por qué no sales de tu escondite?
- Porque me da vergüenza que me veáis. 
- ¿ Que te da vergüenza de que te veamos? ¿ acaso no eres una niña igual que nosotros?
- Sí, contesto Malanda, pero nunca he hablado con niños como vosotros.
- ¿ Cómo te llamas?, le preguntó de nuevo Gordita.
- Me llamo Malanda.
- ¿ Malanda?, 4 qué nombre más raro!
- Bueno, en realidad me llamo Miranda, dijo la niña desde detrás de la cortina; pero, como soy un poco patosa andando, me llaman A Malanda.
-  ¡Ah, ya!  Eso es como a mí, que me llamo Belinda, pero, como me gusta mucho comer, me llaman A Gordita.
- ¿ Ah...si... tú también tienes dos nombres...? preguntó la niña de nuevo.
 - Sí, contestó Gordita, pero no me importa, porque yo sé que me lo dicen mis amigos  con cariño. Pero a partir de hoy van a cambiar las cosas, a mí me llamarán Belinda y a ti, te llamarán Miranda. Se acabó lo de Gordita y Malanda.  ¿ Te parece bien?
-, contestó AMalanda, perdón... Miranda, sin salir de su escondite.
Todo parecía indicar que la situación inicial iba comenzando poco a poco a ser menos tensa y que Gordita, perdón, Belinda estaba consiguiendo ganarse la confianza de Miranda, por eso continuó preguntándole:
- ¿ Quieres comer algo?
- No. Yo no como casi de nada, dijo ella. No me gusta la comida.
- ¿ Cómo que no te gusta la comida? Tú no has probado mis pastelillos. Te aseguro que están riquísimos. Toma uno. Pruébalo.
 Miranda sacó una mano de detrás de la cortina para coger el pastelillo.
-        ¡Oh...qué mano más bonita!, dijo Belinda.
 ¡Qué dedos más largos! Seguro que sabes tocar el piano muy bien.
- ¡Sí!, dijo Miranda, más animada. Lo toco desde pequeña; en realidad, no sé hacer otra cosa más que tocar el piano.
- Te propongo un trato, dijo Belinda, yo te enseño a bailar y tú me enseñas a tocar el piano ¿ vale?
Cuando Miranda oyó aquella propuesta, se quedó un poco asombrada; pero, poco a poco su actitud comenzó a cambiar. Casi sin quererlo, fue asomando un lado de la cara,  después el otro, luego sacó medio cuerpo... y así hasta que salió toda entera de su escondite. Se colocó muy decidida en medio del salón y dijo:

- ¡Vale!, ¿cuándo empezamos?
Todos los niños comenzaron a aplaudir y a gritar:
-  ¡Bravo!, ¡bravo!
Bailaron, jugaron, rieron, gritaron y se lo pasaron estupendamente durante toda la tarde. 
Desde aquel momento Belinda y Miranda fueron muy buenas amigas y cada una cumplió su promesa de enseñar a la otra. Por eso Miranda se convirtió en una estupenda bailarina y Belinda fue poco a poco aprendiendo a tocar el piano.
- ¡Ah! Y ya nadie más las volvió a llamar Gordita y Malanda, todos las llamaban las princesas Belinda y Miranda.
Nunca más se habló en aquel lugar de la princesa triste y como eran tantos príncipes y princesas, casi todos los días había un fiesta de cumpleaños en alguno de los castillos.

     Y... así ocurrió y así fue, como me lo contaron te lo conté.